INCOMPATIBILIDADES TECNOLÓGICAS
Los dispositivos tradicionales para difundir el saber socialmente acumulado en todo el cuerpo social, la escuela por ejemplo, parecen poco eficaces frente al crecimiento constante del conocimiento. Aunque los recursos tecnológicos disponibles permiten llegar a casi todos los rincones donde se ubica la información, convertirla en conocimiento es una tarea ardua y sustancialmente diferente que, además, está tensionada por dos racionalidades:
a) La de la difusión tecnológica; veloz, inmediata, amigable, genérica, autorreferencial, libre, seductora y que conduce, supuestamente, a posibilidades infinitas.
b) La de la difusión del conocimiento a través de los procesos tradicionales de enseñanza y de aprendizaje; largos, laboriosos, específicos, orientados, encerrados y, aparentemente, con escasas salidas.
Esta disociación actual plantea algunos enigmas respecto del uso y las funciones que se asigna a los recursos teletecnológicos, utilizados como instrumentos al servicio de la educación general.

LA RACIONALIDAD TÉCNICA (que la Educación Tecnológica pretende enseñar en la escuela)
Todas las sociedades humanas desarrollan productos tecnológicos en sus diferentes formas (artefactos, artificios, procesos, etc.); pero la cultura occidental de los últimos doscientos años se ha caracterizado por un proceso de acumulación tecnológica en progresión siempre creciente. Una elaboración masiva de productos tecnológicos que portan significados (económicos, simbólicos, etc.), que determinan conductas y que establecen relaciones de poder en el conjunto del cuerpo social.
La racionalidad tecnológica, –finalista y basada en el criterio de eficacia operativa– hace una parte sustancial de la realidad, en tanto concreta su cometido específico. Construye y determina aspectos importantes de la vida en sociedad, genera nuevos problemas y busca nuevas soluciones, pero creando siempre más tecnología. En consecuencia, las actividades y las capacidades que deben desarrollar las personas para desempeñarse en los actuales contextos sociales, se modifican radicalmente en lapsos cada vez más breves y requieren una base de conocimiento cada vez mayor, que debiera difundirse en el conjunto de la sociedad a la par de la tecnología que la promueve.
LA RACIONALIDAD EDUCATIVA (Que pretende enseñar tecnología en la escuela)
Todas las sociedades humanas utilizan también formas de distribución del conocimiento necesario para desempeñarse en el contexto que le es propio. Entre nosotros, para distribuir los conocimientos necesarios para la interacción social se utiliza un dispositivo desarrollado en el siglo XVII, todavía eficaz para proporcionar las bases de la lectoescritura y las operaciones fundamentales de la aritmética pero que, frente al territorio de artificialidad que genera la realidad tecnológica del siglo XXI y los problemas que presenta, proporciona poco más que una descripción topográfica basada en mapas antiguos.
Las incompatibilidades entre los problemas y las herramientas para enfrentarlos son manifiestas. Frente a desempeños sociales cada vez más distantes de la racionalidad escolar, las prácticas educativas enfrentan la hostilidad del entorno desde un rincón y con actitudes defensivas. Cuando la racionalidad de los procesos tecnológicos y educativos se enfrenta, no parece aventurado predecir cual de ellos será derrotado con todo éxito.
Muchas de las expectativas para que la educación recupere parte del terreno perdido, están depositadas hoy en la utilización masiva de los recursos informáticos. Pero la disociación permanece; mientras el sistema educativo realiza un esfuerzo descomunal para incorporar las teletecnologías con racionalidad escolar, fuera de sus muros la racionalidad tecnológica y el imperativo del consumo globalizado, las tiene como un elemento de uso cotidiano y finalidades diferentes.
Una encuesta realizada sobre finales de 2005 (*) muestra que “(…) en la ciudad de Buenos Aires el 86% de los alumnos tiene un teléfono móvil y el 82% de ellos tiene computadora, En casi todos los casos sólo utilizan estos equipos para comunicarse con pares y bajar música o películas de la Internet. Paradójicamente, sólo el 2,88% de esos jóvenes muestra algún interés por la materia Informática”.
Estos datos, que intuitivamente podemos homologar para el conjunto de los centros urbanos del país, muestran una utilización de las infotecnologías alejada y contrapuesta a la que promueve el sistema educativo, donde además, no son pocos los docentes que reconocen abiertamente que ellos (los jóvenes) de eso (informática), saben más y que, además, aprenden solos ¿De qué manera y qué tipo de conocimiento se construye en esas situaciones profundamente asimétricas, en interacción con elementos que separan cada vez más a las personas de la realidad concreta en que conviven?
LOS ENIGMAS
Los muros y los fosos de los castillos dejaron de ser un obstáculo y el orden social se conmovió cuando, entre otros factores, aumentó la eficacia de los cañones. Los muros infranqueables de los dispositivos educativos “de encierro” están siendo permeados, lenta pero implacablemente, por las ondas sutiles de la realidad virtual y las teletecnologías ¿De que manera influirá esa irrupción en nuestro entramado educativo, donde este tipo de recursos materiales son objeto de adoración y la estructura simbólica para que las personas se relacionen con ellos es de una pobreza alarmante?
Los escenarios son complejos, las realidades dinámicas, los interrogantes múltiples y los problemas se muestran refractarios a “La Ley”. En este contexto, cabe preguntarse si el dispositivo escolar actual es adecuado para enfrentar el desafío de reorientar hacia finalidades de trabajo y aprendizaje, el uso de una herramienta que, por sus propios medios, se incorporó a la cotidianeidad con finalidad de esparcimiento.
(*) Alarcón Cristian La generación de los enchufados, electrónicos e hiperconectados Diario Pagina 12 Buenos Aires. Edición del lunes 09 de enero de 2006.
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