La Tecnología Educativa y sus incompatibilidades.
El 14 de marzo de 2005 en este mismo espacio, publiqué un post titulado “La secundaria no sirve más”, utilizando para apoyar algunas de las exiguas ideas propias, las de un tal Bill Gates.
En el diario Clarín del domingo 26 de agosto de 2006, Liliana Moreno publica un artículo titulado "La escuela media no va más: no sólo no enseña sino que genera desigualdad" y lo fundamenta con una entrevista a la directora de FLACSO, que me lleva a pensar que lo que expuse en post anteriores y sostengo desde hace ya unos cuantos años -que la tecnología escolar, no la institución educativa- es incompatible con la época, tal vez es posible.

Para no extenderme en divagaciones personales, mejor ir a lo publicado.
El artículo comienza diciendo que “Los que saben dicen que la escuela media tal como la conocemos —secundaria o polimodal— no va más: no sólo no enseña sino que genera desigualdad. Hay que repensarla...”
Este párrafo pone de manifiesto “que los que saben” -tal como presumimos desde hace tiempo “los que no sabemos”- no dicen lo que supuestamente saben. Que la escuela tiene falencias muy marcadas no es un “cable de último momento” y si ahora hay que repensarla la pregunta es: en todo este tiempo ¿Qué se ha hecho? ¿Nadie pensó? ¿Pensó otra cosa? ¿En que se estaba pensando?
Continúa explicando el artículo que la propuesta la formula “Guillermina Tiramonti, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), que organizó el seminario internacional "La escuela media en debate". Pero primero hace un diagnóstico: —Tenemos el mismo modelo escolar que a principios del siglo XX y le hacemos exigencias para las que no fue creado”.
Como yo no tengo acceso a “los que saben”, tal como es mi costumbre, fui a entrevistar a los sospechadores del barrio. Puesta la nota periodística bajo su lupa analítica, con la irreverencia que los caracteriza me enfrentaron desafiantes y sostuvieron enfáticamente que:
A) Se está en debate desde más hace ya muchas décadas, pero en lo que no se está, es en tarea.
B) Lo que la señora directora hace, lejos de ser un diagnóstico, es una autopsia.
C) El modelo escolar a que alude fue desarrollado en el siglo XVII por un tal Comenio para enseñar “todo a todos” y se puso en marcha en el siglo XIX por ser funcional a la consolidación territorial del “Estado Nación”, y aunque la escuela media sea del siglo XX “la tecnología escolar” que se utiliza desde el nivel inicial hasta la universidad es casi la misma que la de aquéllos lejanos tiempos. (Vale acotar que esto lo dijeron apoyados en afirmaciones que yo hice en éste y otros espacios virtuales de la “blogósfera”, y en los espacios reales donde tengo la oportunidad de hablar, anulando así mis probables objeciones).
D) Las “exigencias” fueron impuestas a la escuela por la inoperancia de otras instituciones que no hacen lo que debieran hacer y aceptadas y consolidadas por las mismas personas que ahora dicen que está “exigida”.
Los dejé hablando solos porque sé muy bien que además de irreverentes y unos audaces desorbitados son, como El Ingenioso Hidalgo “poltrones y perezosos de andarse buscando autores que digan lo que ya saben decir sin ellos”, situación que les quita autoridad académica por falta de marco teórico. Y sabido es que la tecnología escolar, por responsabilidad social que le compete, no acepta nada que no tenga, contenga y mantenga, el debido marco teórico.
Y me fui, disperso como soy, pensando en dos cosas: la primera, que ninguna idea nueva saldrá de un marco teórico que como todo marco es limitante: y segundo, que de la lectura del artículo surge un análisis algo sociológico de la institución escolar, pero poco se dice de cómo hacer lo que en ella se debiera hacer: enseñar y aprender.
Nada dice tampoco la señora directora de los sistemas de gestión y control del sistema educativo que han devenido un fin en si mismos y que sólo aspiran a que “en los papeles” y en las planificaciones, esté todo bien. Ni habla una sola palabra de las organizaciones que se dedican a “defender” a los docentes, sin que esté muy claro quién, cómo y con que armas los está atacando.
Expone, sin embargo que “Por un lado, hay un cambio cultural muy fuerte que exige que la escuela "dialogue" con otros lenguajes y se descentre de ese lugar exclusivo de la cultura letrada”.
No soy encuestólogo, falla grave para esta época, pero puedo asegurar que de mi práctica docente surge que en las escuelas los libros son rarezas. Sólo veo circular fotocopias de capítulos de libros, descontextualizados, que muy pocos leen y que quienes las leen poco entienden y que exigir libros está penalizado.
En una Universidad Nacional (que no es una excepción sino la regla), fui descalificado por la jefa de departamento al exigir a los alumnos de un seminario que trabajen con libros. Es más, por hacer de lectura obligatoria “dos completos”. Esto que parece un chiste, no sólo fue dicho, también fue escrito.
Entonces, a pesar de los “esfuerzos” de algunos delirados como el que suscribe y el de algunas autoridades educativas para acercar los libros a las escuelas, el “descentre” que demanda la señora directora ya se ha logrado. Una preocupación menos.
La nota habla más adelante sobre “...las llamadas escuelas garaje que tienen la finalidad de contener a los chicos que están en una situación social de riesgo pero que están imposibilitadas de generar una propuesta pedagógica que los incorpore al saber contemporáneo”.
Faltaría que aclare cual es el saber contemporáneo, que no es poca cosa, pero según mis experiencias “de campo”, con las honrosas excepciones que en todas partes existen y que son, casi siempre esfuerzos personales que la “tecnología escolar” se ocupa de penalizar debidamente, aislando al docente que incursiona en el saber contemporáneo alterando “la sagrada paz del status quo”; y calificando de “nerds”, “olfas” o “reortivas”a los alumnos que en esos saberes incursionan. Me atrevo a sostener que si es contemporáneo o es una novedad no está en la escuela. La tecnología escolar está diseñada para transmitir lo que ya está hecho y aceptado desde hace mucho tiempo en la sociedad, (ver post del 16 de julio de 2006). Lo nuevo en la escuela, es un cuerpo extraño a eliminar. Ejemplo claro, la Educación Tecnológica de la que se habla en este espacio y en otros similares, pero que en la escuela es poco más que una computadora.
Si el descentre es un objetivo cumplido, el saber contemporáneo es una imposibilidad, sobre todo cuando la docencia se ha convertido en los últimos años en un “refugio laboral”, una actividad desprofesionalizada de atención parcial y un lugar de escaso reconocimiento social. Los medios, cuando quieren hacer “saber algo” a la gente consultan a “los que saben” como la señora directora o bien a las vedettes o a los deportistas, jamás a quienes tienen “las manos en la masa”.
Ya finalizando el reportaje, la periodista le pregunta a la directora, “en el contexto que describe ¿Cómo encaja la propuesta de la nueva Ley de Educación Nacional de universalizar la escuela media?”
Y su respuesta, como casi todas las anteriores, me recordó las palabras que alguna vez dijera Robert McNamara y que la gran mayoría de los funcionarios aplican a la perfección: “Jamás conteste lo que se le pregunta”
Y dijo entonces, “Lo ideal es pensar en una nueva secundaria. Porque para universalizarla hay que transformarla. Para no degradarla más. Para recuperarla y hacer de ella una institución que retome la heterogeneidad social e incorpore a los chicos a un efectivo diálogo con la cultura contemporánea”.
Ante la pregunta ¿Hay señales de que se avanza en el buen camino?
No contestó lo siguiente: “Hay una búsqueda de construcción de una nueva cultura pedagógica para estas nuevas exigencias. Pero tenemos que participar de esta búsqueda y me parece que no se está participando, que se está insistiendo en la inclusión sin dar otras respuestas”.
Maravilloso ahora si que todo quedó más claro. La secundaria no sirve, hay que pensar otra cosa, hay que descentrar, generar otros diálogos, acercar a todos a la cultura contemporánea y buscar la construcción de una nueva cultura pedagógica. Medidas concretas e ideas claras que permiten desarrollar acciones a poner en marcha hoy y obtener resultados mañana. Descripciones altamente operativas, cuantificables y medibles con toda facilidad y absoluta precisión. En síntesis, generalidades dichas con tono importante desde la tribuna adecuada, de modo tal que promueva las adecuadas consultas a los adecuados consultores.
Me interrogué sobre la razón por la cual estas maravillosas ideas no se le ocurrieron a quienes estuvieron antes a cargo de la educación en nuestro país o por qué no requirieron en su momento los aportes de quienes así se expresan hoy. También me pregunté donde está ubicado el campo de aterrizaje donde descienden, desde lejanas galaxias, aquéllos que debieran estar haciendo lo que dicen que hay que hacer para modificar la realidad, en lugar de comentarla en forma permanente.
Casi me vuelvo al barrio para consultar a los sospechadores, pero como conozco la zona y conozco el paño, acudió a mi memoria la imagen de mi querida maestra de cuarto grado, la venerable señora de Pozos, y con un sobresaltó me dije que si hacía eso o decía algo de esto, casi seguro que me ganaba un boleto de ida rumbo “a la dirección”.
Entonces, mejor me callo y no digo nada, total puedo seguir pensándolo sin que nadie se entere
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