Incompatibilidades tecnológicas
PRIMERA PARTE. La Realidad Real
La secundaria no sirve más. Lo dijo Bill Gates desde el edificio de Microsoft, lo dijo Guillermina Tiramonti desde las oficinas de FLACSO y también lo dijeron los Sospechadores desde la penumbra del barrio. Yo digo algo parecido desde la intemperie que me proporcionan mis ideas, y procuro ser un poco más preciso. Por más parches, remiendos y leyes que se le pongan a la cuestión, la tecnología escolar es incompatible con la realidad real. O cambia la tecnología o cambia la realidad.
Pero como las cosas no deben ser dichas “en el aire”, inicié una investigación bajo el siguiente interrogante: ¿EXISTE VIDA EN LAS AULAS? 
Para comprobar si lo que sucede en las aulas y talleres escolares tiene algún parecido con lo que pasa afuera de la institución.
Advertencia inicial
A diferencia de cualquier “ologo”, que sobre la base de datos busca en lugares prefijados, yo voy sin rumbo fijo husmeando aquí y allá por las aulas del sistema educativo argentino. Por paisajes tan diversos como la geografía del país, busco señales de vida, pero no tomo en cuenta las evidencias biológicas. Voy detrás de esa coherencia inestable, lábil y autorregulada que hace que un sistema crezca, se desarrolle y perdure a través del tiempo (la homeostasis de la dinámica social) y, específicamente, observo el sistema de comunicación social que está en la base de la Tecnología Educativa.
Aunque mis esperanzas están menguadas, todavía conservo en parte la expectativa de encontrar un idioma común, ciertas pautas culturales compartidas, un conjunto de valores entendidos y apreciados por la gran mayoría y algunos grandes objetivos que casi todos los que habitan un espacio geográfico –cada vez más permeable aunque sus límites físicos permanezcan más o menos fijos– desean lograr. Cuento:
Los preparativos
No podría precisar una fecha en la cual se inició esta expedición pero marco algunos hitos significativos que podrían estar en sus orígenes: los trayectos casi diarios rumbo a la dirección en mis primeros años de escolaridad, penalizado por desarrollar actividades extracurriculares contra el aburrimiento. Contemporáneamente, los viajes hacia la escuela junto a mi madre, quien gracias a mis gestiones lograba audiencia con el director con una frecuencia casi semanal. Más tarde, las retiradas estratégicas del limitado recinto educativo hacia el extenso territorio de aprendizaje de la calle (en horario escolar claro está). Ya bien crecido, al utilizar el espacio de papel destinado a las ideas fundamentales, para representar con absurdos garabatos el soporífero discurso del ocasional catedrático ¿Nunca le pasó? Mientras alguien habla usted dibuja cualquier cosa mientras hace que escribe.
Cuando el dialogo permitía el intercambio de impresiones, comprobaba que mis apreciaciones solían ser piadosas frente a los comentarios de mis compañeros pero, aparentemente, quienes realmente sufrían esa disociación cognitiva, esa lucha despiadada contra la curiosidad y el conocimiento, ese frío mortuorio que emanaba de los saberes congelados, éramos unos pocos. El resto se adaptaba, se recibía y seguía por la senda ya trazada. Los otros íbamos a trazar senda, con los riesgos que implica. No lo aconsejo. No digan que no avisé.
La salida
Siempre se parte desde algún sitio y, de un modo u otro, uno siempre lo hace desde el domicilio propio.
Llegan algunas compañeras de estudio de mi hija: Flor, Sol, Nu, Lau, Pau, Caro, Mar, Lu y Pato. Seudónimos que usan para ocultar el nombre que los padres, ilusionados, le hemos impuesto: Florencia, Soledad, Nuria, Laura, Paula, Carolina, Mariela, Luciana y Patricia.
Me pregunto ¿Cómo se hace en este grupo para hablar del calor del Sol, la contaminación del Mar y la migración de los Patos?
Se reunieron en camino hacia la universidad donde asistirán a clases de anato, micro y pato (que no se da por aludida). Materias que la currícula identifica como Anatomopatología, Microbiología y Patología Clínica. Otro interrogante ¿Se habrá deslizado algún error en el diseño de la carrera?
El telemarketing
El teléfono, imperiosamente, demanda atención. Una señorita que no sabe quien soy y a quien nunca en mi vida conocí, pero que me trata con tono y términos de extrema confianza, me dice que su nombre es Mariela y que tiene para mí una oferta que cambiará mi vida: una conexión a Internet de dos megas.
– ¿Megas? Pregunto.
– Ahhh no, disculpá, Mega…, es Mega, leí mal. (Soy enemigo del tuteo indiscriminado, la niña, sin enterarse, entra en terreno pantanoso).
– Ahh…, bien ¿Mega qué…? repregunto.
– ¿Cómo mega qué? 2 mega. Dice con tono de verdad absoluta.
– Si pero…, ¿mega qué? megametros, megakilos, megawatts… – El silencio del otro lado de la línea se interrumpe con un click. Sumo otro pregunta a la lista.
La selva publicitaria y comercial
Dejo mi casa rumbo a mis tareas, camino unas cuadras y en un locutorio veo un gran cartel que repite la escena telefónica, pero en forma menos intrusiva: “lo más rápido de la zona – 1 MEGA”. Sigo mi camino, pasmado por el travestismo del que conocí prefijo y ahora es sustantivo adjetivado ¿Cómo se producen estos cambios repentinos? ¿Quién los promueve?
Más adelante me encuentro la oferta del día; en un comercio ofrecen una promo especial que incluye varios combo. Deduzco que se hace referencia a promociones, que permiten acceder a un descuento por comprar varios artículos combinados. Borro un interrogante de la lista.
Llego al paroxismo cuando me enfrento a una sucesión de carteles publicitarios que invitan: “cntact al sabor dl mdo _dnd kras”, pero además anuncian que: “Ya c disfruta en + de 75 paics _sts dnd sts”. Si mi traducción del idioma mnsje tlfno mvil al español no falla, allí dice: “Conectate al sabor del mundo donde quieras” y “ya se disfruta en más de setenta y cinco países estés donde estés” ¿O será una regresión a los tiempos donde las vocales recién estaban haciendo su aparición en el lenguaje escrito?
El paraje del encuentro
En un Congreso de Formación docente, quien diserta anuncia que dejará las Diapo en manos de los organizadores para aquéllos que las requieran y aclara: tendrán el power completo. Olvido la discordancia de número, sé que ninguna de las dos cosas será lo que obtengan quienes se acerquen a los organizadores. Supongo que ha querido decir diapositivas y powerpoint. Pero no pregunto para no sumar.
Una señal de advertencia
No soy profesor de idioma español, no soy un fundamentalista de la pureza de la lengua, se que el lenguaje evoluciona según las necesidades de la sociedad y que un lenguaje vive cuando cambia, pero sumo otra pregunta a mi cuestionario: si las expresiones de la vida cotidiana están tan alejadas de los conceptos que las palabras expresan y de la estructura con que se elabora el discurso educativo ¿Cuál es el nexo que une significantes con significados? ¿No será esta esquizofrenia discursiva un obstáculo para enseñar y aprender?
En la próxima (si es que hay una) les sigo contando.
Todos los contenidos de estas páginas son Copyright © Luis Doval, 2002-2003.