Diciembre 3, 2003

Las democracias en América Latina

Por supuesto que esto no será un escrito que explique todos los pormenores de las problemáticas de las políticas latinoamericanas, pero quisiera hacer hincapié en un punto que ha estado "molestandome" últimamente cuando nos referimos a la credibilidad o estabilidad de las instituciones de un país.
Van a ser 2 años de la estrepitosa caída de Fernando de la Rua como presidente de la Argentina. Desde aquella fecha hasta el día de hoy la Argentina mejoró, creció, maduró aunque sea como un adolescente de 14 años. Ya no parece más ese niño tímido, dispuesto a cualquier capricho, ahora parece tener algo de esa personalidad que los Argentinos proclaman poseer a los cuatro vientos y nunca demuestran, con el peligro de plantear una situación de poder sin sustento y parecer un rebelde sin causa más que un país con ideales y seriedad, pero creo que el crecimiento en ese aspecto será una cuestión de tiempo y trabajo.
Pero no quiero desviarme del hecho central que me llevó a escribir esto.
Hoy leí un artículo sobre el referendum que busca la oposición del presidente Venezolano Hugo Chávez a través de un recolección de firmas que según anuncia Enrique Mendoza (Gobernador de Miranda y uno de los principales opositores a las políticas de Chávez) ya ha llegado a las 3.600.000, cantidad que supera el 20% del padron de votantes de toda Venezuela (quién quiera leer algo más sobre esto puede ir aqu�). A partir de esto me puse a pensar en los esfuerzos que conllevan a destituir a distintos presidentes, como algunos "caen" fácil y otros mantienen sus posturas. ¿A que se debe esto?

Podemos analizar los casos de De la Rúa y Sánchez de Lozada. Que uno antes que el otro cedieron a la voluntad popular, o mejor dicho, a la voluntad de un sector de la sociedad presentando su renuncia indeclinable ante el parlamento.
Pero también tenemos el caso de un Chávez que no cede ante la mitad de un país que está en contra de sus políticas.

¿Que es lo que hace que un presidente decline en su voluntad de conducir a un país por que se lo pide un sector de la sociedad?. ¿Existe realmente el fantasma del apoyo político de determinados sectores para poder seguir adelante en la presidencia de una nación?

La segunda pregunta se contesta a través de los primeros tres meses de mandato del actual Presidente de la Argentina Néstor Kirchner: subió con el apoyo del 22 % de la sociedad debido a la truncada segunda vuelta y sin embargo forjó un lazo con la sociedad, a través de "golpes de efecto" mediático que son muy difíciles de comprender, pero muy fáciles de mensurar; hoy en día el presidente Kirchner tiene una imagen positiva en la sociedad de alrededor del 80% de la población y no importa si un político está de su lado o no, el país avala su conducción (recordemos que muchos de estos políticos, que hoy quieren la sombra de Kirchner para poder dormir tranquilos hace meses no estaban muy contentos con su nombramiento).

Entonces, en cuanto a la primera pregunta; creo que como siempre todo depende de la voluntad de un hombre, no de la voluntad de los políticos, no de la voluntad de la mitad de un pueblo, no de la voluntad de un sector social. El hecho de que Chávez aún se mantenga en el poder, luego de haber sufrido un golpe de estado que lo mantuvo prisionero durante 3 días, con la amenaza de que firme su renuncia, a lo cual él se negó, demuestra que lo que importa son las voluntades individuales. O que un Duhalde, en el primer mes de mandato, tuviera manifestaciones parecidas a las que tuvo Fernando de la Rúa y no cediera porque su convicción (acertada o no) de que podía mejorar la situación en la que estaba el país era más grande que ese reclamo de cambio también demuestra lo contrario.

Entonces, ¿son las instituciones o los hombres?.

Finalmente me inclino por la segunda opción. Por el hecho de que Sánchez de Losada (casualmente bien visto como de la Rúa por las administraciones norteamericanas) es una persona sin convicciones, con poco poder real de sus propias acciones y con una incapacidad gigante de no poder ver que es lo que está sucediendo a 20 centímetros de su nariz. Lo mismo sucede con de la Rúa. No es que el país no lo apoyó, ya que en aquél 20 de diciembre de 2001 fue la clase media la que salió a las calles, no todas las clases sociales, ni tampoco que "alguien" le dijo por teléfono a su secretario de la presidencia (entonces Oscar Parrilli) que la clase política le soltaba la mano. ¿Que importa esto? Que una banda de 200 tipos que son vistos por la sociedad como mafiosos y ladrones no apoye a alguien, ¿le importa a la sociedad?. Creo que no.

Hoy, estoy convencido, que las instituciones no tienen nada que ver con las personas que las ocupan. Que las debilidades no pasan por construcciones que llevan siglos (esto no implica que no deban ser modificadas, o mejoradas) construyéndose, sino más bien por la convicción de cambio de quiénes las ocupan y la voluntad de hacer algo importante con el tiempo que se les concede a los representantes de la sociedad en los cargos públicos.

Lo único que espero, es que el tiempo nos depare personas con el temple suficiente, para llevar adelante las crisis que vendrán, que no serán pocas.

Posted by sergio at Diciembre 3, 2003 11:01 PM
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