Son las ocho y media de la mañana. Estoy despierto hace exactamente una hora. Cuando me levanté mientras mi mujer se bañaba, me encaminé hacia la cocina y le preparé un mate, para que tome algo antes de irse a trabajar. Le di un beso, le dije felicidades (hoy hace dos años que nos conocimos) y moví el mouse de la computadora para saber que sucedió con los atentados, o mejor dicho, cuales habían sido las consecuencias y al fin y al cabo, quién era el responsable.
Hablé un poco con mi hermano por Messenger, estuvimos haciendo un par de cosas que él necesitaba, ahora no está, debe estar caminando bajo ese cielo Dublinense hacia sus oficinas.
Después me llamó mi mamá para que por la tarde, poco después del mediodía pase a verla; me dijo que en poco tiempo salía para el consultorio.
Mi padre estará en un avión hoy al mediodía.
Hace minutos intercambie unas palabras con mi hermana, nos preguntábamos como andábamos, me pidió que le lleve unas cosas, yo le dije que le iba a llevar otras. Me comentó sobre una película. Me saludó yse fue. A la facultad, hace una semana que empezó entonces leí este artículo.
Sentí miedo. Mucho. Sentí angustia infinita, no sólo por aquellos que están sufriendo en este momento una pérdida reciente injustificada, sino también por aquellos tantos que han llorado a los suyos, cuando desaparecieron de esta tierra bajo las manos asesinas de algún demente.
Sentí miedo. Por ese pueblo que ahora llora una muerte que no encuentra su cortejo fúnebre.
Recordé el atentado a la AMIA. Yo era chico y las imágenes terribles que llegaban a mis pupilas (a pesar de suceder a 120 cuadras de mi casa) parecían muy lejanas. Recuerdo preocuparme por mis padres y mi hermano.
Nuestras armas, serán el silencio y la palabra. Ambas una expresión en el momento adecuado.
Al leer el artículo que antes les indiqué comencé a llorar.
Me shokeó en sobremanera que un pueblo combate desde la paz las más terribles atrocidades. Me emocionó. Como quisiera que todos hicieran lo mismo, hiciéramos lo mismo. La muerte tendría mucho menos éxito.
Tengo miedo, por aquellos que hoy quiero y están ahí fuera, en esa jungla. Y no quiero vivir con miedo.
Mi silencio para aquellos que ayer nos han recordado lo tanto que significa estar vivos.
Que la muerte por la muerte acabe.
Basta.
Ya es hora.
Posted by sergio at Marzo 12, 2004 8:35 AM