En un instante abría su alma y corría por sus venas un viento huracanado, que parecía nunca acabar sus energías. Pero cuando él se acercaba, el otro, singularmente callaba y se dejaba estar. Meciéndose taciturna sobre los flejes de la cama, que la separaban del abismo en llamas que crecía y decrecía bajo su cuerpo. Pero, ¿Qué era el amor? Más que una temporada de verano, en una casa llena de inviernos, donde el mundo se acercaba y alejaba paulatinamente para volver a arrebatarle su tranquilidad. Y él, el otro, que paseaba sus manos por su mejilla y decía que todo pasaría. Ella, como autista, se doblaba y volvía a la posición original y pensaba, o no. Muchas imágenes se chocaban unas contra otras, una confusión que la hacía sobresaltarse en mudas noches donde cada pedazo de silencio le hablaba deformemente. Pero, ¿Qué era el amor? Un sacrificio, para después pasar al olvido, en un cajón, o en unos labios que tratarían de contar la inefable historia. De ella, con el otro, que tanto amaba y a su vez, que tan lejos sentía. Por su culpa. Su bendito féretro de infiernos que daban luces sin brillo a una ceguera permanente, que sus ojos no parecían notar. Pero, ¿Qué era el amor? Un dolor tan fuerte, tan pero tan fuerte, de saber que uno nunca podría mimetizarse con el otro, con su par. Y tan fuerte era el dolor que se transformaba en alegría, para evitar la contradicción.
El otro, ahora, se acuna en la cama y piensa que lo máximo que el pudo robarle a ella fue una mirada y lo mínimo que ella le robó (con esa mirada) fue su alma. Sobre sus manos descansa el vidrio roto que habría de quitarle la vida, a ella, que no la sentía como otra. Y sus manos lo aprietan y sangran lágrimas carmesí que él nunca desbordará desde sus ojos, porque no alcanzarán. O sí y se secaría por dentro. El cielo, los otros, que murmuran de día y de noche, blandiendo la espada de los juicios que nunca han de finalizar. Y la sangre se frena, conociéndo los límites de su libertad.
La cáscara comienza a formarse.
Bellísimo....
Posted by: Sandra at Enero 30, 2005 5:51 PMla cáscara.
la cáscara.
y luego queda cicatriz, si...es inevitable.
Pero quien puede avergonzarse de una cicatriz?
el que lo hace, obviamente, no entiende nada, y tampoco es sabio.
Sandra: Muchas gracias
99: Sin duda. Siempre digo "Quién te va a creer que viviste si al terminar tu vida no tuviste un par de cicatrices"
Posted by: sergio at Enero 31, 2005 1:17 AMfabuloso,extraordinario,gracias
Posted by: manoli at Enero 5, 2006 2:43 PM