Son las 9:23. Me levanté hace dos horas, una vez más, en el lado oscuro de la humanidad.
Ni siquiera puedo pensar que decir, que intentar.
Mientras tanto escucho el recital de Pink Floyd en live 8.
E intento racionalizar algo imposible.
¿Como le voy a explicar a mis hijos esto cuando los tenga?
Quizás no existan palabras y esa sea nuestra cárcel.
Quizás no existan plegarias y esa sea nuestra salvación.
Quizás no existan respuestas y esa sea nuestra condena.
Quizás, esas personas que viajaban en subtes y colectivos hacia sus trabajos, familias amantes, casas, mascotas, lo que sea....quizás estén en un mejor lugar ahora, lejos de esta barbarie.
No quiero que duela, pero duele.
No quiero pensar, pero pienso.
¿En que lugar del camino dejamos nuestra tolerancia?
Ojalá que el tiempo encuentre silencios para aquellos gritos encerrados bajo tierra y sobre un colectivo.
Ojalá que la sangre de hoy sea paz de mañana.
Que nunca más vuelva a suceder (y me estoy empezando a cansar de decirlo, y no quiero)
Nunca más.