Creciendo de “Golpe”
No hay historia democrática en ningún país del mundo, que pueda decir que no carga en su memoria, sangre, muerte y vanidad. La Argentina, esa argentina de fútbol, de bar, de asado de domingo, esa argentina de exclusión, impunidad y violencia, esa Argentina, la que nombramos a los cuatro vientos y nos golpeamos el pecho cuando se habla de viveza, pero que nos duele en la vergüenza cuando pensamos en solidaridad, no es la excepción.
Hay quienes dicen que las grandes Naciones se han formado bajo grandes tragedias; Estados Unidos con su guerra de Ceseción, Francia con sus repetidas revoluciones, España con sus décadas de dictadura y a nosotros, con nuestros treinta mil desaparecidos (dicen) no nos alcanza para aprender la lección. Claro, porque el éxito de un pueblo se mide por sus muertos.
Si camináramos con ojos atentos las calles de este país, encontraríamos que hemos tenido muchas más tragedias de las que recordamos, pero nos hemos encargado como pueblo de olvidarlas sistemáticamente, ocultarlas bajo un manto de silencio que no incomoda como los ojos rojos del dolor en el rostro de alguien que perdió un ser querido, en la mirada vacía de un niño que no come hace días, en la admiración por aquel que llego “alto” a costa de todo y de todos.
La última dictadura militar (1976-1983) nos abre una herida y nos cierra los ojos al mismo tiempo. Y el comienzo de la oración es muy importante: “La última”, porque suele olvidarse que antes de las cuatro juntas militares que gobernaron este país durante esos años, también existieron muchas otras dictaduras como las de Uriburu, Rawson, Ramírez, Farrel, Leonardi, Aramburu, Onganía, Levingston y Lanusse. Muchos, ¿no?. Somos un país joven, como dicen, pero en nuestra adolescencia hemos tenido el peor de los ejemplos: La falta de respeto a las instituciones, la adicción al poder, la destrucción de los derechos humanos, la impunidad (entre otras tantas atrocidades). Hemos sido testigos durante este siglo que acaba de terminar, de los asesinatos cometidos sin piedad, sin remordimiento y en nombre del bien común. Y el número no importa, no importa si fueron treinta mil, tres millones o tres las vidas perdidas durante estos procesos. El dolor no sabe de números. El dolor no sabe de justificaciones, ni de ideologías, ni de vencedores o vencidos.
Ahora, ¿Cómo se continúa el crecimiento de una Nación si cada vez que existía la posibilidad de dar un paso hacia el frente un garrote nos caía en la cabeza y nos hacía desmayar por extensos períodos? ¿Cómo se puede caminar un sendero determinado si esos principios que tanto nos habían costado conquistar fueron reemplazados a la fuerza tantas veces que ya no recordamos cuáles eran los originales y cuales los alienados? ¿Qué nos significó esto en nuestro desarrollo como país? ¿A dónde llegaremos?
Son demasiadas preguntas que no tienen una respuesta unívoca, pero son necesarias tenerlas presentes para entender de donde venimos y hacia donde vamos.
El tejido social destruido por las sucesivas dictaduras militares (y por sobre todo la última, que obligo a los ciudadanos a reforzar una cultura individualista por el miedo a “quedar pegado”) tomará mucho tiempo recuperarlo, pero ¿como sucedió esto?. La sociedad Argentina no sólo sufre de amnesia cuando le conviene, sino que también sabe mirar para otro lado cuando ante sus ojos sucede algo ilegal o inhumano que le puede beneficiar (desde no ceder el asiento en un colectivo a desestimar llamar a la policía cuando le ocurre un robo a un vecino).
El último gobierno de facto trajo a la Argentina distintos problemas. El primero es la re-institucionalización de todos los mecanismos democráticos, que hasta el día de hoy aún no funcionan como deberían. El segundo: el silencio como forma de vida y la aprobación desde la falta de crítica. El tercero, la falta de visión social que es necesaria para poder formar una nación justa para todos.
Es por eso que hoy en día aceptamos que se baje la edad de imputabilidad sin que nos preguntemos si la situación de marginalidad tiene algo que ver con que más gente joven cometa delitos. Es por eso que la corrupción nos golpea como ciudadanos y convivimos con ella quedándonos en lo discursivo cuando se trata de combatirla, es por eso que cuando existe una crisis en el poder político los carteles “que se vayan todos” surgen en las calles sin pensar en las consecuencias y es por eso que decimos que a los piqueteros hay que reprimirlos, meter a todos los “cabecitas” en una cárcel y tantas otras frases que demuestran la tolerancia que tiene este pueblo para con sus compatriotas.
Vendimos nuestros principios por el electrodoméstico en el 95 con la reelección de Menem (que hoy en día, nadie votó), no nos preocupó que un candidato a presidente cuando era Jefe de Gobierno haya hecho que sus dos hijos se reciban sin cursar (y lo votamos), permitimos que nos manipulen siempre que a nosotros nos significara una mejoría. ¿Por qué? Porque nuestra carta orgánica como pueblo había sido recortada, quemada, sustituida, borrada y vuelta a escribir tantas veces que nuestros principios se convirtieron en finales. En el final del respeto, en el final de la solidaridad, la compasión, en el final del futuro para muchos, en el final del camino.
Reconstruir esa carta orgánica que nos compone como sociedad, es el camino que debemos realizar para poder recuperarnos como pueblo, como un conjunto de personas que realmente desean el bien común, para recuperar esa historia que nos señala como un país solidario, no solo frente a nuestros compatriotas sino hacia cualquiera que lo necesite.
¿La receta? No la tengo y prefiero pensar que nadie la tiene. No hay recetas para salvarse, no existen remedios milagrosos que nos hagan llegar de inmediato a la meta, por que lo importante no es llegar, sino recorrer el camino de la manera más sincera.
Ahora bien, meditemos un poco sobre la democracia y la dictadura como forma de gobierno, tomemos la postura más dura. En estos veinte y pico de años en democracia hay, lamentablemente, fundamentos para aquellos que dicen que con los militares estábamos mejor y es acá donde la discusión se torna interesante.
En estos veinte años hemos terminado de empobrecer a la mitad del país, nos hemos endeudado tanto (y tan injustificadamente) que el crecimiento futuro de la Nación se ve comprometido, la corrupción del aparato político ha sido tal que las riquezas con las que el estado contaba han sido regaladas para el bien de unos pocos. Hemos disminuido significativamente el nivel educativo del país, hemos excluido a una masa gigante de personas del derecho a una vivienda digna, a tener un sistema de salud o a comer. Caminamos inseguros, con miedo a un secuestro, un asalto o una violación. Tememos la oscuridad, como niños que aún no han aprendido a manejar sus miedos.
Los fundamentos son muchos pero, sin embargo y de nuevo lamentablemente, es lo que hemos elegido y lo que no supimos detener o cambiar a tiempo, es nuestra elección. Esa es la diferencia que todo lo cambia más allá de las atrocidades cometidas en la vida democrática, los ciudadanos seguimos teniendo esa última arma: “El voto”. Esta última herramienta para llevar a nuestros deseos o ideas a formar parte de un todo.
El sistema Representativo Republicano y Federal, hoy en día no es representativo, no es republicano y menos federal, pero con todas sus falencias, con todos “los negociados” que realizan los funcionarios públicos para salvar su pequeña “quintita”, con toda la sordera de la clase política, con todos los males, la democracia es el mejor sistema que hay hasta el momento.
Creando una nueva Carta Orgánica como sociedad, vamos a alcanzar renovarnos y superarnos. Mejorar nuestras instituciones, que al fin y al cabo están compuestas, por hombres y aprender que en el largo proceso del crecimiento, a veces, hay “golpes” que enseñan, pero que no se deben olvidar.
Se pueden aceptar muchas discusiones, desde que hoy vivimos en una mediocracia (el pueblo gobernado por los medios) oculta, que en realidad es un régimen totalitario encubierto, que el problema no es de la democracia sino de quiénes fueron deformando la actividad del estado años antes, etc. Puedo escuchar posturas a favor, o en contra , pero tengo mas de treinta mil razones (entre estudiantes, profesionales, soldados, inocentes, culpables, etc) para saber que un Gobierno de Facto no puede volver a tener lugar, porque implica el fin de las garantías que tenemos como seres humanos.
Los rostros de los que no están deben impedirnos de siquiera pensar en algunas soluciones facilistas. Ejercitar la memoria debe ser un trabajo diario para no volver a equivocarnos de nuevo. Conocer la historia es una tarea obligada para todos nuestros habitantes.
El miedo y la ignorancia serán el terror a destronar. Porque el miedo es lo que nos mueve a cometer estas locuras. El miedo es lo que nos hace silenciar asesinatos de esta envergadura. El miedo es lo que nos hace olvidar el pasado. El miedo es lo que nos hace más asesinos de lo que somos.
Mi recuerdo para aquellos que han dejado sus vidas en la lucha por un mundo mejor, mi palabra de aliento para aquellos que todavía lo sobreviven en su memoria. Mi más sincera disculpa, como ser humano que habita esta tierra.
Nunca más dejemos que esto suceda
Nunca más callemos ante la barbarie
Nunca más miremos para otro lado.
Nunca más tengamos miedo al monstruo de la locura
Nunca más caigamos en la intolerancia o en la ignorancia.
Nunca más olvidemos a nuestro prójimo.
Nunca más.
Por favor
Nunca más
Que la memoria del dolor en la sangre sea más fuerte
Sergio, aquel volver a la democracia que la derrota de las Malvinas y el nuevo orden en el sistema imperial nos permitió, también significó la reedición de viejas metodologías, de inextinguibles dinosaurios. Democracia en aquel momento fue sinónimo de libertad, hoy es una falacia seguir usando ese simbolismo para no ver sus enormes fallas como sistema. Democracia es lo que puso dos veces a menem y a bush en el poder, por lo tanto algo anda muy mal.
Los 30 mil desaparecidos no son otro símbolo, Madres, Hijos y Abuelas indican una relación al vacío, a la ausencia. Hasta el incierto redondeo en la cifra es un insulto. Pero el silencio era salud, éramos derechos y humanos y ganamos el Mundial. Hoy no sólo nadie votó a menem, tampoco nadie llenó la Plaza aplaudiendo a galtieri, nadie festejó el triunfo "deportivo", nadie le dijo locas a las Madres de la Plaza.
En camino no lo sé, pero el fascismo avanza globalmente en este mundo mediatizado, no es privilegio argentino, no es un foco estridente, es un avance constante, firme, disfrazado de bien público, salud y seguridad.
Grismar; lamentablemente soy un convencido de que todo va a estar bien. Ahora, si me preguntas como, me mataste. Estoy totalmente de acuerdo con lo que decís, pero creo que el sistema no es el error. Algo está pasando, y de nuevo no es el sistema. De todas maneras requiere de una meditación profunda, quizás los nuevos elementos para comunicación masivos han vuelto obsoleto al sistema democrático como fue concebido en la polis griega. Es para pensar, no niego tu oscuridad en el análisis, el tema es que ese avance irreductible de fascismo me obnliga a levantar las armas y tratar de por lo menos, pensar que se puede cambiar. Sino, estamos jodidos desde el vamos :)
Posted by: sergio at Noviembre 11, 2005 5:06 PMMe interesó mucho, Sergio. Paso luego con un poco más de tiempo.
Saludos.
P.D. puede que sea una pavada decir esto, pero quería dejar constancia de que lo leí. ¿Es un paso, no?
Posted by: principio de incertidumbre at Noviembre 11, 2005 10:22 PMSiempre es bueno dejar constancias :) Suena feo, pero es así.
Posted by: sergio at Noviembre 14, 2005 7:47 PMBueno, para que no se diga que sólo puedo decir pavadas vuelvo (para confirmalo). Ahora pude leer sus comentarios. En parte coincido, de que no es sólo culpa del sistema y que exige un análisis del que quizás no podamos abarcar, no en cuanto a capacidad sino por la inmensidad del total. Hay que empezar a retroceder al útero mismo, parece. Realmente, creo, fervientemente que los seres son su tiempo y lugar. No da lo mismo ser de otro lado. Y la globalización trae aparejado no sólo que uno aprenda de los vicios de su propio país sino de los de mundo entero. Para mí es el siglo de la deshumanización y de la trivialización. Puede que me equivoque. Sino cómo se entiende que en este país haya ganado Macri. Creo que pasaron demasiadas cosas como para que las personas no tengan memoria ni una sola mínina cuota de conciencia social y de lo que se debe construir.
En fin...
P.D. saludos.
Posted by: principio de incertidumbre at Noviembre 15, 2005 7:56 PM