Noviembre 25, 2005

X - Y

Entra en la sala de la casa y por primera vez en mucho tiempo, la descubre deslumbrante. Sus pupilas habían olvidado la perfecta armonía que poseía la distribución de los muebles, las molduras de las esquinas, el parqué que aún mostraba vestigios de la majestuosidad de otro tiempo. Pero sin embargo, el cuartito del fondo seguía pareciéndole su hogar.
Las tablas de madera que brindaban reparo del viento y ese techo de chapa con desechos de la urbe que reposaban sobre ésta, le parecía el lugar más cálido del planeta.
Ahí había aprendido a respetarse y a respetar a los demás. Ahí había aprendido el significado del silencio, el dolor del hambre, la angustia del presente.
¿Que recordaba de aquella suntuosa sala? Recordaba tener el estómago lleno para poder pensar, recordaba también la hipocresía de la vanidad, la sordera como ejemplo, la belleza como producto.

Ese día se había despertado sobresaltado. Había caminado indeciso alrededor de su piecita. Se había acercado a la casa, listo para ingresar, pero algo lo detenía. Para su sorpresa veía en sus manos una piedra que partía a gran velocidad hacia el ventanal del lado oeste. El ruido del estallido lo arrancó del transe, una voz (y no la suya) se desvanecía a la distancia.

Lloró casi media hora y se detuvo cuando tuvo, por un breve instante, la sensación que denuevo se había equivocado.

Tres días despues, las maderas y el techo de chapa decoraban el living.

Posted by sergio at Noviembre 25, 2005 6:43 PM
Categorías: Palabras desde el abismo