Noviembre 29, 2005

On Writing

A pesar de que mis años de leer Stephen King quedaron en mi adolescencia, tuve el placer de cruzarme con un libro de él que se tradujo para Amércia Latina como "Mientras Escribo".
King no es, sin duda, el mejor escritor con el que me crucé en mi vida, pero este libro en particular es un lindo empujón para escritores que dan sus primeros pasos.
Porque quizás lo más importante en este tipo de viajes (del arte me refiero), es la dificultad de asociar la idea de la creación con la idea del trabajo. En algún lugar de este blog dije que lo mío no es talento, sino un trabajo constante sobre mis aspiraciones, y este libro de King desmitifica la idea del artista que desde el caos organiza un mundo fantástico que expresa eso que tiene ahí, en el fondo del alma.
Sin duda que el caos es un gran colaborador en el sistema creativo de cualquier persona, pero cuando hay que ordenar las ideas, plasmarlas y ajustarlas el caos de poco sirve.
En estos momentos, por ejemplo, en los cuales me encuentro grabando el disco, la disciplina y el orden son para mí los primeros bastiones, porque el proceso creativo más duro ya fue realizado. Las canciones fueron sacadas del pecho y lo que resta es embellecerlas y darles lo que cada una de las canciones necesiten.
Otro de los datos que brinda este libro que no hay que olvidar, es la inserción de lo producido en el mercado de la literatura (en el caso de King), o en mi caso en el ámbito de la música. Es difícil para algunos músicos aceptar que cuando realizan un disco, están preconfigurando un producto. Sí, un producto, como un desodorante para chicas rubias y flacas. Le guste a quién le guste, la concepción de producto no escapa a nada ni a nadie. El siglo XX y su Taylorismo han cavado hondo en el ser en general. Desde una banda como U2, hasta escritores como Rushdie, desde pintores como Picasso hasta directores como Kubric, todos, sin excepción han conceptualizado sus obras como productos, y para esto no es necesario caer en la banalidad de hacer coincidir producto con porquería.
Finalmente, este libro de King brinda algunas de las herramientas que el considera útiles para realzar la escritura, muchos de los cuales me parecieron muy acertados.

Muy recomendable, de lectura ligera pero que deja algún aroma a tiempo ganado.

Posted by sergio at Noviembre 29, 2005 8:04 PM
Categorías: Arte

Comentarios

Sergio, no leí a King y no quiero menospreciar desde el fanatismo, pero considero que deberías leer "El escritor y sus fantasmas" de Ernesto Sábato. Expresa eso mismo que has dicho, pero lo hace con sustancia. Igualmente no me creas mucho porque tengo la remera Sabatiana a flor de piel.

Posted by: Leopoldo at Noviembre 30, 2005 1:46 PM

jeejejejje. Nunca había escuchado sobre ese libro de sábato. Cuando pueda echarle mano lo leeré, de todas maneras, en referencia a esto, sin duda que Retrato de un artista adolescente de Joyce es algo que no podré olvidar, pero este librito sencillo tiene una mirada no marketinera, sino pragmática, que creo que no hay que perder.

Posted by: sergio at Noviembre 30, 2005 5:34 PM
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