Hoy tuve la oportunidad de tomarme 20 minutos y esuchar la Sinfonía Nº 9 (Himno a la Alegría) de Beethoven, mientras recostado miraba las hojas de los árboles hacer el último esfuerzo por sostenerse en esas ramas que quieren descansar, algunas semanas, de tan preciado preciado equipaje.
Hay dos cosas que convierten al día de hoy en un día especial: El comienzo de un camino de autocrítica feroz y el Día Mundial del Medio Ambiente ambas cosas, crease o no, relacionadas en lo más profundo de sus raíces.
Aparentemente todo mi problema respiratorio se debe, en gran medida a un problema alérgico, bien por un lado. Ahora, yo soy de los que creen que en casi todo lo relacionado a la salud un porcentaje importante del problema está en nuestra mente. Además de este dato importante, la alarmq se me encendió cuando el viernes, 5 personas diferentes me expresaron su preocupación porque me notaban muy, pero muy alterado, casi desbocado.
Después de algunos ratos de meditación he llegado a la conclusión (que me golpeaba la puerta desde hacía un tiempo) que he cambiado, en algunas cosas que no debería cambiar. Me he vuelto un persona obsesionada con el porvenir, sin disfrutar en lo más mínimo del presente. Esto se debe en gran parte a haber iniciado una familia, se debe en gran parte a una preocupación propia y no impuesta de que si me caigo yo, se caen todos conmigo. Más allá de esto se suna ilusión, en la cuál el hombre machsita del siglo XX fundó sus bases, que poco tiene que ver con lo que sucede. Todo este accionar me llevó por un camino de preocupación, bastante más grave del que yo esperaba. A veces en acciones que uno considera graciosas se esconde algún indicio de que algo está cambiando, y no para mejor.
La crítica comienza y con ella la verdad, y como diría Serrat "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio"
Volviendo al comienzo, dije en algún punto que mi autocrítica y el día mundial del medio ambiente estaban muy ligadas entre sí. No porque de mí dependa el destino de este mundo, gracias, paso, no podría vivir con semejante peso en mis espaldas; sino porque algunas de las aflicciones que me afectan están relacionadas con el accionar de este hombre de consumo desarrollado en los últimos 80 años.
Más y más y más y más.¿Para qué?
Para tener más, claro está.
¿Cuales son los sacrificios que uno tiene que hacer para obtener esto? La vida de uno, ¿o que esperabas?

Esta imagen para mi resume todo. En una mano yace el destino del mundo, en la mano propia. Y no quiero redundar en elementos que he desarrollado hasta la afonía virtual (acá, acá acá, o acá) sólo quiero recordarles que somos forjadores de nuestro propio destino, y nos estamos encargando demasiado bien de destruir toda posibilidad de seguir construyéndo uno.
Mirense en su accionar. ¿Cuanta agua desperdician?, ¿cuantos papeles reciclan?, ¿cuanta luz malgastan?, ¿Cuantos combustible queman sin necesidad?