A pesar de que mis años de leer Stephen King quedaron en mi adolescencia, tuve el placer de cruzarme con un libro de él que se tradujo para Amércia Latina como "Mientras Escribo".
King no es, sin duda, el mejor escritor con el que me crucé en mi vida, pero este libro en particular es un lindo empujón para escritores que dan sus primeros pasos.
Porque quizás lo más importante en este tipo de viajes (del arte me refiero), es la dificultad de asociar la idea de la creación con la idea del trabajo. En algún lugar de este blog dije que lo mío no es talento, sino un trabajo constante sobre mis aspiraciones, y este libro de King desmitifica la idea del artista que desde el caos organiza un mundo fantástico que expresa eso que tiene ahí, en el fondo del alma.
Sin duda que el caos es un gran colaborador en el sistema creativo de cualquier persona, pero cuando hay que ordenar las ideas, plasmarlas y ajustarlas el caos de poco sirve.
En estos momentos, por ejemplo, en los cuales me encuentro grabando el disco, la disciplina y el orden son para mí los primeros bastiones, porque el proceso creativo más duro ya fue realizado. Las canciones fueron sacadas del pecho y lo que resta es embellecerlas y darles lo que cada una de las canciones necesiten.
Otro de los datos que brinda este libro que no hay que olvidar, es la inserción de lo producido en el mercado de la literatura (en el caso de King), o en mi caso en el ámbito de la música. Es difícil para algunos músicos aceptar que cuando realizan un disco, están preconfigurando un producto. Sí, un producto, como un desodorante para chicas rubias y flacas. Le guste a quién le guste, la concepción de producto no escapa a nada ni a nadie. El siglo XX y su Taylorismo han cavado hondo en el ser en general. Desde una banda como U2, hasta escritores como Rushdie, desde pintores como Picasso hasta directores como Kubric, todos, sin excepción han conceptualizado sus obras como productos, y para esto no es necesario caer en la banalidad de hacer coincidir producto con porquería.
Finalmente, este libro de King brinda algunas de las herramientas que el considera útiles para realzar la escritura, muchos de los cuales me parecieron muy acertados.
Muy recomendable, de lectura ligera pero que deja algún aroma a tiempo ganado.
Acá abajo les voy a dejar tres formas de describir un mismo hecho por tres diarios Argentinos.
Encontramos los casos en Clarin, La Nación e Infobae. Todos sabemos que Clarin se acerca a los lectores de centro izquierda, la Nación Derecha e Infobae a quién le convenga.

Con respecto a la renuncia del Ministro de Economía (versión que en estos días, como tantas otras veces se movió por los medio) los tres la plantean de distintas maneras. En sus notas interiores Infobae casi da por hecho que el ministro renunciaría o lo echaría el presidente, Clarín dice que el ministro desetimó el tema de la renuncia y Lanación tiene un mensaje más moderado. Lo sorprendente de esto es que los tres diarios se basan en los dichos del Ministro de Economía en el Cierre del Coloquio de Idea (una reunión de empresarios que se produce anualmente desde hace 40 años). Lo cuál habla claramente de que alguien está metiendo mano en la verdad, y están volviendo verosímil un dicho que probablemente esté sacado de contexto.

La esquizofeenia de este pueblo, por lo menos está altamente representada por los medios.
Entra en la sala de la casa y por primera vez en mucho tiempo, la descubre deslumbrante. Sus pupilas habían olvidado la perfecta armonía que poseía la distribución de los muebles, las molduras de las esquinas, el parqué que aún mostraba vestigios de la majestuosidad de otro tiempo. Pero sin embargo, el cuartito del fondo seguía pareciéndole su hogar.
Las tablas de madera que brindaban reparo del viento y ese techo de chapa con desechos de la urbe que reposaban sobre ésta, le parecía el lugar más cálido del planeta.
Ahí había aprendido a respetarse y a respetar a los demás. Ahí había aprendido el significado del silencio, el dolor del hambre, la angustia del presente.
¿Que recordaba de aquella suntuosa sala? Recordaba tener el estómago lleno para poder pensar, recordaba también la hipocresía de la vanidad, la sordera como ejemplo, la belleza como producto.
Ese día se había despertado sobresaltado. Había caminado indeciso alrededor de su piecita. Se había acercado a la casa, listo para ingresar, pero algo lo detenía. Para su sorpresa veía en sus manos una piedra que partía a gran velocidad hacia el ventanal del lado oeste. El ruido del estallido lo arrancó del transe, una voz (y no la suya) se desvanecía a la distancia.
Lloró casi media hora y se detuvo cuando tuvo, por un breve instante, la sensación que denuevo se había equivocado.
Tres días despues, las maderas y el techo de chapa decoraban el living.
"Una libertad es una posibilidad de elección.
Una posibilidad de elección puede ser interior, es decir, subjetivamente o mentalmente posible; es una libertad de espíritu. Puede ser exterior, es decir, objetivamente o materialmente posible; es una libertad de acción.
Cuantos más sean los dominios que ofrecen posibilidades de elección, más, en cada dominio, las elecciones son numerosas y variadas, mayores son las posibilidades de libertades; cuanto más importante para su propia existencia es el tipo de elección posible, más elevado es el nivel de libertad (elección de medio de transporte, elección de profesión, de residencia, de vida).
A primera vista, nos parece evidente que el ser humano dispone, en condiciones favorables, de posibilidades de libertad. Sentimos subjetivamente nuestra libertad cada vez que tenemos la ocasión de elegir entre alternativas y tomar una decisión.
A la inversa, toda consideración objetiva de nuestra condición parece reducir la libertad a una ilusión subjetiva; sufrimos las coacciones de nuestro medio natural al que debemos adaptarnos; estamos sometidos por nuestro patrimonio genético que produce y sustenta sin cesar nuestra anatomía, nuestra fisiología, nuestro cerebro y, por tanto, nuestra posibilidad de inteligencia y de consciencia; estamos sometidos por nuestra cultura que inscribe en nuestro espíritu, desde nuestro nacimiento, sus normas, tabúes, mitos, ideas, creencias, y estamos sujetos a nuestra sociedad que nos impone sus leyes, reglas y prohibiciones; estamos incluso poseídos por nuestras ideas que se adueñan de nosotros cuando creemos disponer de ellas. De este modo, somos ecológicamente dependientes y estamos genética, social, cultural e intelectualmente sometidos. ¿Cómo podríamos disponer de libertades cuando estamos tan sometidos por todas partes?"
Edgard Morin, Extracto de Antropología de la liberta
Este es el nuevo nombre de la banda. Registrado hace una semana nos aseguramos que no exista nadie que legalmente pueda quejarse, por lo tanto, acá lo tienen.
Contaré la anécdota por la cuál apareció el nombre: Estaba presenciando la exposición de una investigación en el Doctorado que curso; este trabajo hablaba sobre la relación de los más pequeños con la Televisión. Patrocinada por Unicef, esta investigación fue realizada en diferentes países del mundo, entre los cuales se podía encontrar a la Argentina y a Chile. Más allá de datos que realmente son de un valor gigantescto, la investigadora mencionó algo al pasar que para mí fue fundamental: los chicos latinoamericanos son, en proporciones muy significativas, quienes más escriben Post Datas; quizás por ese miedo a que el mensaje no fue bien recibido, quizás porque estamos acostumbrados a que no haya nadie que nos escuche, quizás en relación a años de opresión en toda latinoamérica, donde no se podía hacer nada y ahora se quiere decir todo. Por todo esto me llamo la atención Post Data. Además de tener en cuenta que, en un mundo que cada vez más exhibe una tendencia a la saturación de información sobre todos los individuos, el momento después de tanta información se vuelve importantantísimo. Después de la información es cuando pensamos, analizamos, reflexionamos. Después de la vorágine de la información es cuando nos encontramos con nosotros mismos, nuestras miserias, nuestros sueños. Después de la información es cuando surge el arte, esa voz callada que es catarsis del mundo. Después de la información está PostData y todo lo que esto implica.
Desde que tengo 20 años que no uso reloj. Cada vez que me preguntan por qué, saco a relucir una historia que me gusta contar: "Tenía yo 20 años cuando cayó en mis manos Historia de Cronopios y de Famas e Instrucciones, de Cortázar. En este libro hay un relato que se titula "Preámbulo para dar cuerda al reloj", que con mucho acierto describe las obligaciones que se toman cuando uno se hace adjudicatario de un reloj regalado. Desde chequear que el reloj sea de mejor marca que los relojes ajenos, hasta comparar el horario del reloj con el provisto por la telefonía, hasta cuidar que no se caiga y se rompa, "como un bracito desesperado que cuelga de vos" dice Cortázar. Para terminar, Cortazár, de manera violenta concluye: "Cuando te regalan un reloj, no te regalan un reloj, vos sós el regalado para el cumpleaños del reloj". A partir de ahí, nunca más usé reloj, pueden comprender ahora porqué.
Ahora bien, hace un mes, mi mujer en cumplimiento de un deber adquirido, me hizo un regalo para mi cumpleaños : un celular. A los 4 días un señor creyó que era suyo, me lo arrebató de las manos y se fue corriendo. Yo traté de seguirlo y explicarle que se estaba euivocando, pero el señor corrió mas y más rápido, así se fue el regalo. Un mes después, en base a que un fuerte capricho se me había isntalado entre ceja y ceja, compré de nuevo el celular. Ese día es hoy, y desde que lo tengo estoy más que asustado, pendiente de cada vez que suena, atento a todas las personas que me miran por la calle cuando lo saco y cuando no.
Me di cuenta, que lo único que hice fue comprarme una paranoia y a un precio bastante caro por cierto. Por eso, moraleja del día; no comprar caprichos porque suelen salir más caros de lo que parecen.
¿que me estará pasando con los finales tipo moraleja? Ya me están hartando (y van solo dos :) )
Ayer ví la Guerra de los mundos y cada vez confirmo más que lo que te dicen previamente de una película influye notariamente ne la mirada que tenés de esta.
Sobre esta película había escuchado coemntarios que la dfenestraban y realmente no es que sea una película "buena", pero tampoco debería entrar dentro de la cateogoría "no la veas aunque sea lo último que puedas hacer".
Es por eso que he decidido lo siguiente.
Frente a mi cama colgué un cartel que dice "tu día va a ser una mierda".
Cuando me levante, a partir de ahí, cualquier cosa va a ser mejor que eso. No?
Creciendo de “Golpe”
No hay historia democrática en ningún país del mundo, que pueda decir que no carga en su memoria, sangre, muerte y vanidad. La Argentina, esa argentina de fútbol, de bar, de asado de domingo, esa argentina de exclusión, impunidad y violencia, esa Argentina, la que nombramos a los cuatro vientos y nos golpeamos el pecho cuando se habla de viveza, pero que nos duele en la vergüenza cuando pensamos en solidaridad, no es la excepción.
Hay quienes dicen que las grandes Naciones se han formado bajo grandes tragedias; Estados Unidos con su guerra de Ceseción, Francia con sus repetidas revoluciones, España con sus décadas de dictadura y a nosotros, con nuestros treinta mil desaparecidos (dicen) no nos alcanza para aprender la lección. Claro, porque el éxito de un pueblo se mide por sus muertos.
Si camináramos con ojos atentos las calles de este país, encontraríamos que hemos tenido muchas más tragedias de las que recordamos, pero nos hemos encargado como pueblo de olvidarlas sistemáticamente, ocultarlas bajo un manto de silencio que no incomoda como los ojos rojos del dolor en el rostro de alguien que perdió un ser querido, en la mirada vacía de un niño que no come hace días, en la admiración por aquel que llego “alto” a costa de todo y de todos.
La última dictadura militar (1976-1983) nos abre una herida y nos cierra los ojos al mismo tiempo. Y el comienzo de la oración es muy importante: “La última”, porque suele olvidarse que antes de las cuatro juntas militares que gobernaron este país durante esos años, también existieron muchas otras dictaduras como las de Uriburu, Rawson, Ramírez, Farrel, Leonardi, Aramburu, Onganía, Levingston y Lanusse. Muchos, ¿no?. Somos un país joven, como dicen, pero en nuestra adolescencia hemos tenido el peor de los ejemplos: La falta de respeto a las instituciones, la adicción al poder, la destrucción de los derechos humanos, la impunidad (entre otras tantas atrocidades). Hemos sido testigos durante este siglo que acaba de terminar, de los asesinatos cometidos sin piedad, sin remordimiento y en nombre del bien común. Y el número no importa, no importa si fueron treinta mil, tres millones o tres las vidas perdidas durante estos procesos. El dolor no sabe de números. El dolor no sabe de justificaciones, ni de ideologías, ni de vencedores o vencidos.
Ahora, ¿Cómo se continúa el crecimiento de una Nación si cada vez que existía la posibilidad de dar un paso hacia el frente un garrote nos caía en la cabeza y nos hacía desmayar por extensos períodos? ¿Cómo se puede caminar un sendero determinado si esos principios que tanto nos habían costado conquistar fueron reemplazados a la fuerza tantas veces que ya no recordamos cuáles eran los originales y cuales los alienados? ¿Qué nos significó esto en nuestro desarrollo como país? ¿A dónde llegaremos?
Son demasiadas preguntas que no tienen una respuesta unívoca, pero son necesarias tenerlas presentes para entender de donde venimos y hacia donde vamos.
El tejido social destruido por las sucesivas dictaduras militares (y por sobre todo la última, que obligo a los ciudadanos a reforzar una cultura individualista por el miedo a “quedar pegado”) tomará mucho tiempo recuperarlo, pero ¿como sucedió esto?. La sociedad Argentina no sólo sufre de amnesia cuando le conviene, sino que también sabe mirar para otro lado cuando ante sus ojos sucede algo ilegal o inhumano que le puede beneficiar (desde no ceder el asiento en un colectivo a desestimar llamar a la policía cuando le ocurre un robo a un vecino).
El último gobierno de facto trajo a la Argentina distintos problemas. El primero es la re-institucionalización de todos los mecanismos democráticos, que hasta el día de hoy aún no funcionan como deberían. El segundo: el silencio como forma de vida y la aprobación desde la falta de crítica. El tercero, la falta de visión social que es necesaria para poder formar una nación justa para todos.
Es por eso que hoy en día aceptamos que se baje la edad de imputabilidad sin que nos preguntemos si la situación de marginalidad tiene algo que ver con que más gente joven cometa delitos. Es por eso que la corrupción nos golpea como ciudadanos y convivimos con ella quedándonos en lo discursivo cuando se trata de combatirla, es por eso que cuando existe una crisis en el poder político los carteles “que se vayan todos” surgen en las calles sin pensar en las consecuencias y es por eso que decimos que a los piqueteros hay que reprimirlos, meter a todos los “cabecitas” en una cárcel y tantas otras frases que demuestran la tolerancia que tiene este pueblo para con sus compatriotas.
Vendimos nuestros principios por el electrodoméstico en el 95 con la reelección de Menem (que hoy en día, nadie votó), no nos preocupó que un candidato a presidente cuando era Jefe de Gobierno haya hecho que sus dos hijos se reciban sin cursar (y lo votamos), permitimos que nos manipulen siempre que a nosotros nos significara una mejoría. ¿Por qué? Porque nuestra carta orgánica como pueblo había sido recortada, quemada, sustituida, borrada y vuelta a escribir tantas veces que nuestros principios se convirtieron en finales. En el final del respeto, en el final de la solidaridad, la compasión, en el final del futuro para muchos, en el final del camino.
Reconstruir esa carta orgánica que nos compone como sociedad, es el camino que debemos realizar para poder recuperarnos como pueblo, como un conjunto de personas que realmente desean el bien común, para recuperar esa historia que nos señala como un país solidario, no solo frente a nuestros compatriotas sino hacia cualquiera que lo necesite.
¿La receta? No la tengo y prefiero pensar que nadie la tiene. No hay recetas para salvarse, no existen remedios milagrosos que nos hagan llegar de inmediato a la meta, por que lo importante no es llegar, sino recorrer el camino de la manera más sincera.
Ahora bien, meditemos un poco sobre la democracia y la dictadura como forma de gobierno, tomemos la postura más dura. En estos veinte y pico de años en democracia hay, lamentablemente, fundamentos para aquellos que dicen que con los militares estábamos mejor y es acá donde la discusión se torna interesante.
En estos veinte años hemos terminado de empobrecer a la mitad del país, nos hemos endeudado tanto (y tan injustificadamente) que el crecimiento futuro de la Nación se ve comprometido, la corrupción del aparato político ha sido tal que las riquezas con las que el estado contaba han sido regaladas para el bien de unos pocos. Hemos disminuido significativamente el nivel educativo del país, hemos excluido a una masa gigante de personas del derecho a una vivienda digna, a tener un sistema de salud o a comer. Caminamos inseguros, con miedo a un secuestro, un asalto o una violación. Tememos la oscuridad, como niños que aún no han aprendido a manejar sus miedos.
Los fundamentos son muchos pero, sin embargo y de nuevo lamentablemente, es lo que hemos elegido y lo que no supimos detener o cambiar a tiempo, es nuestra elección. Esa es la diferencia que todo lo cambia más allá de las atrocidades cometidas en la vida democrática, los ciudadanos seguimos teniendo esa última arma: “El voto”. Esta última herramienta para llevar a nuestros deseos o ideas a formar parte de un todo.
El sistema Representativo Republicano y Federal, hoy en día no es representativo, no es republicano y menos federal, pero con todas sus falencias, con todos “los negociados” que realizan los funcionarios públicos para salvar su pequeña “quintita”, con toda la sordera de la clase política, con todos los males, la democracia es el mejor sistema que hay hasta el momento.
Creando una nueva Carta Orgánica como sociedad, vamos a alcanzar renovarnos y superarnos. Mejorar nuestras instituciones, que al fin y al cabo están compuestas, por hombres y aprender que en el largo proceso del crecimiento, a veces, hay “golpes” que enseñan, pero que no se deben olvidar.
Se pueden aceptar muchas discusiones, desde que hoy vivimos en una mediocracia (el pueblo gobernado por los medios) oculta, que en realidad es un régimen totalitario encubierto, que el problema no es de la democracia sino de quiénes fueron deformando la actividad del estado años antes, etc. Puedo escuchar posturas a favor, o en contra , pero tengo mas de treinta mil razones (entre estudiantes, profesionales, soldados, inocentes, culpables, etc) para saber que un Gobierno de Facto no puede volver a tener lugar, porque implica el fin de las garantías que tenemos como seres humanos.
Los rostros de los que no están deben impedirnos de siquiera pensar en algunas soluciones facilistas. Ejercitar la memoria debe ser un trabajo diario para no volver a equivocarnos de nuevo. Conocer la historia es una tarea obligada para todos nuestros habitantes.
El miedo y la ignorancia serán el terror a destronar. Porque el miedo es lo que nos mueve a cometer estas locuras. El miedo es lo que nos hace silenciar asesinatos de esta envergadura. El miedo es lo que nos hace olvidar el pasado. El miedo es lo que nos hace más asesinos de lo que somos.
Mi recuerdo para aquellos que han dejado sus vidas en la lucha por un mundo mejor, mi palabra de aliento para aquellos que todavía lo sobreviven en su memoria. Mi más sincera disculpa, como ser humano que habita esta tierra.
Nunca más dejemos que esto suceda
Nunca más callemos ante la barbarie
Nunca más miremos para otro lado.
Nunca más tengamos miedo al monstruo de la locura
Nunca más caigamos en la intolerancia o en la ignorancia.
Nunca más olvidemos a nuestro prójimo.
Nunca más.
Por favor
Nunca más
Que la memoria del dolor en la sangre sea más fuerte
Continúan las grabaciones y estamos en una semana y media terminándo el primer proceso. El de grabación de todos los instrumentos que ejecutamos los cuatro. Luego de esto vendrán las grabaciones de los músicos invitados, y finalmente la grabación de las voces.
Este viernes estaré grabando más guitarras a la noche y hasta la madrugada esperando que podamos grabar el sábado también y juntarnos el domingo para trabajar un tema que aún no termina de cerrar para algunos de nosotros.
Además de todo esto es de mencionar que ya tenemos el nombre nuevo de la banda, estoy esperando que se inicien los trámites de registración de marca para poder comentarlo acá.
Algo más?. Si. Realmente todo esto es muy gratificante, pero a la vez bastante cansador. Particularmente porque no estamos todo el día haciendo esto, sino que lo hacemos en nuestro tiempo libre. O sea, no hay descanso, ni tampoco mucho tiempo para distenderse con la pareja o los amigos. Cuando me agarra la ansiedad de que todo termine, siempre trato de pararme de la misma manera y aprender a disfrutar del proceso, que es lo más difícil. Me ha pasado varias veces mientras grababa guitarras de tener que recordarme que disfrute lo que estaba haciendo. Mi trabajo a veces no me deja disfrutar algunas cosas (trabajo en la música me refiero), y es interesante aprender a encontrar la paz mientras uno hace las cosas, no darse cuenta, más tarde, que se perdió todo el proceso.
Definitivamente no, no sirve de nada.
Hay que aprender, con el tiempo a sonreír, principalmente de uno mismo. Y después cuando uno esta tranquilo, y siente que esa sonrisa le pertenece, que es auténticamente suya, uno tiene que agregar de vez en cuando un sonido gutural, como de las profundidades de la niñez, cuando hablabamos, gritábamos y reíamos como si todos fueran sordos.
Acá, ya en este punto, uno se va a dar cuenta que empezar a agitar el cuerpo de manera aleatoria ayuda a que el corazón se excite y envíe más sangre, y los pelos del brazo se erizen y uno elimine endorfina o morfina, o algo así.
La solución es olvidarse del "en serio", porque lo único que hace es preocuparnos bastante más.
Hay que saber reírse de esos dolores que nos carcomen, de los problemas sin soluciones y de lo más terrible, por sobretodas las cosas. Porque todo significa lo que nosotros le asignamos como significado, así que a no olvidarse.
Tomarse demasiado en serio, puede ser contraproducente (y poco saludable)